domingo, 24 de agosto de 2008

Canto Fúnebre por Enkidu




Enkidu, tu madre, la gacela, y tu padre, el onagro, te hicieron.
La manda salvaje, con su leche, te crió.
La manda del monte te dio los herbazales.
Que las veredas, Enkidu, del bosque te lloren,
Y no callen ni de día ni de noche.
Que te lloren los ancianos de la vasta Uruk, la bien cercada,
Que te llore la muchedumbre, que rezó por nosotros,
Que te lloren las alturas de las tierras de la montaña,
Que giman los pastos,
Que te lloren los bosques de boj, ciprés y cedro,
En los que nos metimos con tanta rabia.
Que te lloren el oso, la hiena, la pantera y la onza,
El ciervo y el chacal, el león y el bisonte,
La cabra montés y el rebeco, las manadas y animales del monte,
Que te llore el río Ulaya, el santo, en cuyas orillas paseábamos tan ufanos.
Que te llore el Eúfrates, el Puro, del que bebíamos las aguas de los odres.
Que te lloren los mozos de Uruk, la bien cercada, que vieron nuestra lucha al matar al Toro Celeste.
Que te llore el labriego,
Que te llore el pastor,
Que te llore el cervecero,
Que te llore la ramera,
Que lloren por Enkidu tu madre y tu padre,
En ese mismo día te lloraré también yo.

Del Poema Épico de Gilgamesh

Propicios días, ciudadanos
Música: Babylon, de Stratovarius

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