sábado, 1 de marzo de 2008

Anábasis


Aquí os dejo un pequeño relato del viaje

El día 25, tras haber tomado una última con Lucas y Andrewj (dos de los teóricos del ITE) en la bolera del puerto, me metí en el Festos Palas rumbo al puerto del Pireo. El Festos es el mejor ferry que tiene Minoan Lines, y se nota. Un barco muy nuevo que siempre está hasta la bandera de gente, incluso durmiendo en los pasillos aquellos que no cogieron camarote o butaca (entre dormir en una butaca o tirado en el suelo no hay mucha diferencia, por cierto). Asi que tras meterme en el barco me fui directo a mi sitio y luego a cenar (no mucho que en los ferries te meten una sablada de cuidado con la comida). Como había sufrido las butacas en el viaje de ida, esta vez decidí irme en los camarotes compartidos de 4 que hay en todo ferry. En el mío estábamos un griego, un alemán y yo. Y me cago en el puto alemán de los cujons, porque se paso toda la puñeterea noche ronca que te ronca y el griego y yo no sabíamos si cometer un asesinato y lanzarlo por la borda.

Pero sobreviví a esa noche. A las 6:20 de la mañana desembarcaba en el Pireo y gracias a las indicaciones de Marina (la chica que defendió la tesis en Alemania hace poco) pude salir del puerto sin problemas. Luego si me medio perdí al intentar coger la autopista hacia Corinto, con tan mala suerte que una de mis ruedas reventó gracias a un bache la mar de majetón en la autopista (las autopistas griegas son así de majas ellas). Me di cuenta prácticamente al instante y paré en una gasolinera cercana donde el encargado no sólo me ayudó a cambiar la rueda, sino que me indicó con bastante precisión ande había un garaje de Mercedes a 2 km de allí donde podría conseguir una rueda nueva (la de repuesto es sólo para un limitado trayecto de no más de 80 km). Gracias a mi fantabuloso griego de nivel 2 (pasua para risas) llegué sin problemas y expliqué a los mecánicos (que llegaban con cuentagotas a lo largo de la mañana) el problema que tenía. Los hombres estaban bastante sorprendidos de mi viaje pero, como cosa curiosa, conocían Bilbao gracias al furbol. Y no es la primera vez que un griego sabe ande queda gracias al Athletic. Lástima que yo aborrezca el furbol. Varias horas más tarde y 160 € menos, salí dirección a Corinto por la única autopista que merece tal nombre en Grecia. No me costó nada llegar y de ahí a Patras fue otro volao. La carretera no estaba tan mal como cuando vine, que la están arreglando y tuve suerte de no pillar mucho camión por el camino.

En Patras debí encontrar la única gasolinera que aún mantiene el diesel a cosa de 1 €/litro y no a 1.25 como en el resto de las estaciones. Conociendo que en Italia el precio es aún mayor, llené el depósito y me dirigí al puerto a resolver cierto papeleo con las aduanas, ya que mi coche tiene matrícula española y si vas a trabajar al extranjero con él debes avisar en aduanas de ello para pagar el impuesto de matricilación correspondiente (en mi caso, 10 €). Tras varias vueltas y un guardia del puerto santiguándose tras decirle que venía del edificio a donde me mandaba para resolver las cosas, por fin encontré la oficina, que resultó estar justo enfrente de donde mi barco atracaría. Un simpático funcionario griego de edad indeterminada entre 340967 años y la de Matusalén empezó a interrogarme (en griego, porque no tienen ni papa de inglés ese tío o sus compis) sobre qué era el concepto ese que venía en el papel y que no entendía. Al final se solucionó todo llamando a Heraklio, a la funcionaria que había expedido el documento. Tras hablar con ella, lo miró como comprobando que estaba todo bien con cara de entendido y me dijo: “vente justo antes de embarcar y lo dejas entonces”. En fins, sin comentarios. A la tarde, justo antes de ir a embarcar, entregué el dichoso papelito y anotaron escrupulosamente en el libro diario mi salida. Por fortuna, el anterior funcionario había avisado a los dos que ahora estaban de mi asunto y no hubo que hacer más llamadas ni nada. Estos no conocían Bilbao, pero les agradó que intentara hablar griego.

Bien, ya estamos en el Europa Palas (a estos de Minoan les van los palacios), un barco no tan bonito como el Festos y con muchísima menos gente, la inmensa mayoría camioneros de paso hacia Italia. La comida es más cara aún que en el barco precedente, pero al menos se puede comer. Volvía a una cabina de 4 compartida y todo fue de maravilla hasta que haciendo escala en Igumenitsa me metieron a un camionero. Y ete aquí otro hijo de su madre que no hizo más que roncar. 2 noches sin pegar ojo, estupendo, fantástico.

La llegada a Ancona la tenía prevista a las 6 de la tarde, pero me dieron una grata sorpresa al llegar al puerto a las 2. Con suerte podría estar en Civitavecchia esa misma tarde para coger el siguiente ferry. Eso fue hasta que tardé cosa de una hora en salir del barco y de la ciudad. La policía italiana estaba buscando algo entre los camiones que desembarcaban y estaban parando a todos para revisar su carga. Todo hubiera sido un incidente sin problemas si no fuera porque los puertos italianos, pese a que son muy amplios, están diseñados para que los coches vayan por un único carril, asi que el atasco fue monumental. A la salida de la ciudad, decidí ir por la carretera nacional- autovía antes que por la autopista de L’Aquila, intentando acortar algo de tiempo. Pero no lo logré, a los numerosos camiones que se podían adelantar en contadas ocasiones, hay que añadir que al altura de Terni me encontré con un cartel que indicaba 3 direcciones: Roma por autopista a la izquierda, Florencia por autopista por la derecha y Viterbo por autovía de frente. Nada de Civitavecchia, asi que ante la duda tomé dirección Roma (no pude consultar el mapa porque había bastante tráfico, sin sitio para parar, y estaba demasiado oscuro para ver algo). El resultado es que me bajé hasta Roma y la mediocircunvalé, perdiendo así la última ocasión de coger el ferry a tiempo al tener que cascarme 60 km extras de vuelta a Civitavecchia. Por fortuna, encontré un hotel nada más entrar en la ciudad la mar de agradable (aunque un poco caro). La cama doble de la que disfruté fue de lo mejor del viaje.

Al día siguiente me encontré con la desagradable sorpresa de que no había camarotes de 4 disponibles en el ferry del día y el siguiente más económico se plantaba por encima de los 200 euros, asi que opté por la butaca “reclinable” (por decir algo) sabiendo que en ese ferry podía estirarme en 4 butacas seguidas para poder conciliar el sueño. La razón de la falta de camarotes la descubrí poco antes de embarcar: 3 autobuses llenos de adolescentes pajilleros italianos se iban a España de viaje de fin de curso. No sé qué era peor, si saber que tendría una troupe de niñatos alrededor cada cual más gallito o quedar cegado por los “complementos” totalmente de modé que llevaban, como gafas de medio-espejo más grandes que su cara o esas zapatillas argento-aúricas que tanto había visto ya en Heraklio… si ejke no soy nada trendy… Para colmo, mis gafas se estropearon y tuve que pegar una de las lentes a la montura para poder conducir con ellas más tarde. El efecto es de lo más gracioso, pero bueno, este lunes iré a comprarme unas nuevas

Para variar, las butacas eran de lo más insufrible, pero peor fue encontrartme no con uno, sino con 3 maestros roncadores en la misma sala que yo. Tuvieron suerte, porque yo ya estaba en ese estado en que todo te da igual, desde que ronquen a la bazofia de comida que sirvieron a precio de gourmet. El Grimaldi Ferry Prestige lo único que tiene de Prestigio es el precio de la comida, el resto más bien da Grima.

Lo único decente de ese ferry es que es muy puntual y a las 15:15 pm del viernes estaba ya en Barna desembarcando. Pude hacer un par de llamadas antes de que mis dos móviles murieran por falta de batería y salí escopetado por la autopista hacia Bilbao. La carretera estaba vacía, lo que me permitió llegar casi hasta Logroño con luz solar a una media de 140km/h con un consumo de 6.1 l/100Km, cosa que está bastante bien. Sólo en Zárágózá tuve que parar bastante debido a las obras que están haciendo de acceso a la ciudad. Al final, a las 21:05 pm (con 5 minutos de retraso frente a lo que había previsto en Barna), entraba en el garaje de mi casa.

Y eso es todo, que no poco

Lo mejor: El peaso yogourt griego que me zampé en los ferries de Minoan con miel y los mecánicos de Atenas que me ayudaron con la rueda.

Lo peor: Grimaldi Ferries Prestige

Lo más gracioso: el guardia santiguándose por la contradicción de indicaciones de los funcionarios griegos en Patras.

En la foto: Europa Palace, en el puerto de Patras

Propicios días, ciudadanos

Música: And the Story Ends, de Blind Guardian

1 comentario:

illa dijo...

Buenas,
Buscando info sobre cómo llevar un coche a Creta me he encontrado tu blog.
Resulta que me voy unos meses allí por motivos llamémoslos científicos y me estaba planteando llevarme el coche. Surfeando por la red he estado viendo las posibles combinaciones y la que me parece "más razonable" es la que has hecho tú. ¿Es una indiscrección preguntarte cuánto te costó el viajecito? ¿Lo recomiendas? ¿Es una locura? ¿Vale la pena?
Me voy 4 meses y según lo que me cueste el viaje igual me combiene más alquilarme un coche allí.
Gracias de antemano!